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Homenaje a Blanca Beitia

  • 20 dic 2015
  • 2 Min. de lectura

Imágenes de Blanca. Envuelta en su bata, acarreando pilas de exámenes, apuntes y vete a saber qué más en un bolsa gigante, con un café en ristre y saliendo apresurada de la fotocopiadora a la clase o de ahí al seminario o a su momento tabaquero.


Con la sonrisa dispuesta para cada uno en cada momento, con su bondad a cuestas que tanto pie daba a sus alumnos y un corazón de oro, una sencillez auténtica de las que no se ven a menudo.


Un nombre redondo, porque si algo era Blanca era la nitidez cristalina, la candidez de cierta ingenuidad aún fresca. Ni un mal comentario personal oí de ella en 15 años. Bendita sea. Y los profesores y alumnos cuentan sus anécdotas, como aquella vez que un compañero se la encontró en las afueras del colegio yendo a por su coche y en su proverbial despiste había olvidado ponerse el abrigo y llevaba la bata puesta, con su bolsón de apuntes por delante. El mundo mira por encima del hombro a los despistados, a los ensimismados. Y siempre dispuesta a dar una mano. Nos cuenta una compañera de departamento: "En una ocasión, en que yo estaba perdida y no sabía cómo explicar unos problemas de móviles a mis alumnos, ella me dijo la forma que luego resulto infalible. Lo clavó, aprendí a enseñar lo que yo sabía, pero no podía hacer aprender a mis alumnos".


O su frase habitual cuando recibía una queja de algún alumno enarbolando la bandera de la justicia estudiantil: “Oye majo, cuando seas mayor comerás huevos”. Simplemente Blanca. Con qué alegría recibía nuestras llamadas y con qué cariño auténtico se preocupaba de los alumnos, especialmente de los más díscolos y problemáticos. Nunca le oí hablar con rencor ni acritud de ningún alumno por muchos quebraderos de cabeza que le hubiera dado. De esos era de los que preguntaba. Y sus anhelos por dar clase y volver al colegio. Las clases de bondad nos las dio a todos cada día que pasamos con ella y algo siempre quedará.


En su mesa del seminario ya no hay una torre de cuadernos y exámenes por corregir, no hay padres que entrevistar ni clases que preparar. Estate tranquila Blanca. Ya basta de fotocopias, de pruebas, de reuniones. Descansa de todo y sigue impartiendo tu magisterio allí donde ahora estás, que es donde más pura compañía vas a tener y mejor te van a entender. Con tus iguales. Los exámenes y las evaluaciones déjanoslas a nosotros. El examen de la vida ya pasó y seguro que Dios no se ha despistado contigo.


 
 
 

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By: Maristas Pamplona.

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